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SOY (Be): habitar el bosque desde la realidad virtual

por Claudia Araya

Entre bosques nativos, aguas cordilleranas, memorias familiares y tecnologías inmersivas, SOY (Be), proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito regional de financiamiento, Convocatoria 2026, propone una experiencia artística difícil de encasillar. Lo que comenzó como una exploración en torno al vestuario, el cuerpo y el territorio terminó transformándose en una obra de realidad virtual que invita a recorrer paisajes del sur de Chile desde una relación sensible con la memoria, la naturaleza y los modos en que habitamos el mundo.

Impulsado por Felipe Conejeros y Carola Sandoval, el proyecto nace a partir de SOY, una pieza de diseño escénico creada en diálogo con las fibras vegetales, las artesanías de Rari y las historias que habitan los bosques. Con el paso del tiempo, aquella primera búsqueda fue encontrando nuevos lenguajes hasta convertirse en una experiencia inmersiva construida desde la escucha, la deriva creativa y el encuentro entre saberes ancestrales y tecnologías contemporáneas.

A través del video 360°, la imagen y el sonido territorial y la realidad virtual, SOY (Be) propone algo más que una obra para observar: invita a dejar de ser espectador para transformarse en parte de un recorrido donde conviven la belleza, la fragilidad, el asombro y la pregunta por el futuro de los territorios.

La obra inicia durante junio una gira por distintas comunas de la Región del Maule, acercando esta experiencia inmersiva a nuevos públicos y territorios. Este recorrido dará origen además a una publicación que recogerá testimonios, reflexiones y experiencias surgidas durante las exhibiciones, ampliando el diálogo entre arte, memoria, paisaje y comunidad.

Conversamos con sus creadores sobre memoria, territorio, tecnología, reciprocidad y las posibilidades de imaginar otros futuros desde el bosque, el agua y la experiencia sensible.

¿Cómo nace SOY (Be) y en qué momento sienten que esta exploración debía transformarse en una experiencia inmersiva?

Felipe Conejeros: SOY nace como un ejercicio que buscaba plasmar en un vestuario historias olvidadas, técnicas artesanales y el bosque de Rari. Era una propuesta de diseño escénico acompañada de una video performance realizada en 2022. Sin embargo, ese vestuario siempre pidió seguir moviéndose.

En 2024 retomé una serie de preguntas que habían surgido en distintas exposiciones donde participé y sentí la necesidad de volver a mostrar ese vestuario en el espacio donde había nacido y habitado. Fue entonces cuando conocí las posibilidades del video 360° y la realidad virtual. Elaboré una invitación a 3 personas, proponiéndoles habitar el vestuario, llevarlo a un lugar significativo para ellas, a su territorio y registrar lo que ocurriera. Estas, las envié a la zona Centro, aquí en el Maule y hacia la Araucanía.

Una de esas invitaciones resonó en Carola Sandoval, que vive en la zona de Villarrica en la actualidad. Nos encontrábamos trabajando juntos en otro proyecto y decidimos realizar un primer experimento. Era invierno, hacía muchísimo frío y no sabíamos en qué terminaría la experiencia. Terminó con Carola dentro de un río.

Con ese material realizamos una primera película que nos dejó fascinados, pero también con la sensación de que debíamos seguir explorando. En 2025 volvimos a grabar el trabajo que hoy existe, sustentados en la escucha, el análisis y la deriva creativa. Cada jornada nos abría nuevas posibilidades y fuimos permitiendo que la propia obra encontrara su forma.

Durante el proceso realizamos muchas pruebas, incluso fuera de Chile, y fue ahí cuando apareció con fuerza la palabra “experiencia”. Entendimos que no era simplemente una película: era una realidad de la que formas parte, capaz de despertar recuerdos, emociones y sensaciones. Por eso la experiencia se llama SOY (Be): es una evolución de SOY, el vestuario desde donde se detonó todo.

El proyecto comenzó desde el vestuario y el movimiento. ¿Cómo fue creciendo hasta incorporar realidad virtual, sonido y territorio?

Felipe Conejeros: Yo estaba obsesionado con esta herramienta y con la posibilidad de capturar espacios reales para trasladarlos a otros lugares, permitiendo que las personas sintieran que estaban allí.

Cuando comenzamos a trabajar con Carola y le dimos absoluta libertad creativa, apareció el territorio. Una cartografía íntima y compleja que se despliega dentro de la experiencia. La realidad virtual siempre estuvo al servicio de la emoción que queríamos transmitir.

En cuanto al sonido, hay registros ambientales capturados durante las grabaciones y otros obtenidos en distintos territorios del país. Hay tomas realizadas con hidrófonos dentro de ríos; incluso el río Mapocho dialoga sonoramente con los cursos de agua del Parque Nacional Huerquehue y el lago Tinquilco.

También incorporamos el rupachi o permiso realizado por Lorenza Aillapan Pu Rayen, una acción que invita al espectador a recordar algo tan simple y tan olvidado como pedir permiso antes de entrar a un lugar. Todo esto convive con sonidos de sierras, carreteras eléctricas y paisajes amenazados. Son fragmentos de un mundo real que esperamos continúe existiendo más allá de nosotros.

¿Qué significa el nombre SOY (Be) y qué dimensiones querían abrir con esa idea?

Felipe Conejeros: Cuando creé SOY, el nombre surgió a partir de un poema que escribí intentando responder una pregunta muy simple y muy compleja: qué somos. Ese poema se perdió, y creo que está bien que así haya sido.

Cuando apareció Carola en el proceso, ya no era el mismo ser. Había surgido algo nuevo. Nunca sabremos cuánto de Carola quedó en este ser ni cuánto de este ser quedó en ella. Además, el propio vestuario fue transformándose con cada recorrido, recogiendo huellas y detalles de los lugares por donde pasaba.

Necesitaba otro nombre, una nueva dimensión. Cuando intentamos traducirlo al inglés surgió la duda entre “I’m” y “Be”. Finalmente escogimos “Be” porque amplía el significado. Con el tiempo también entendimos que la idea de “soy” no existe exactamente de la misma manera en todos los idiomas. Ese juego de sentidos terminó representando muy bien tanto al proyecto como a nosotros mismos.

Hay una presencia muy fuerte del bosque, las aguas y los paisajes del sur de Chile. ¿Qué relación personal tienen con esos territorios?

Felipe Conejeros: Los territorios que aparecen en la experiencia forman parte de la autoetnografía de Carola. Ella es parte de esos lugares y esos lugares son parte de ella. Yo los conocí durante las visitas de locación, y antes de eso a través de sus recuerdos.

Lo hermoso es que muchos de esos espacios seguían allí cuando fuimos a grabar. No ocurrió lo mismo con algunos bosques que aparecían en la primera videoperformance de SOY y que hoy ya no existen porque fueron talados.

Los bosques, las aguas y las montañas son testigos de nuestra historia, pero también de la historia de todos los seres que habitan este territorio.

Carola Sandoval: El bosque de Tinquilco es parte de mi ADN. Mi familia llegó allí buscando una vida vinculada a la naturaleza mucho antes de que se hablara de ecología o vida alternativa. Crecí rodeada de bosque, de agua y de relatos sobre seres que habitan esos lugares.

Soy hija única y pasé gran parte de mi infancia caminando sola entre árboles milenarios, nadando, subiendo cerros y dibujando. Todo mi trabajo artístico está atravesado por esas experiencias.

Los lagos y las aguas son para mí entidades vivas y sagradas. Creo profundamente en la necesidad de respetarlas, escucharlas y relacionarnos con ellas sin instrumentalizarlas. Los bosques y las aguas nos recuerdan que todo está en constante transformación y que la vida es mucho más grande que nosotros.

El proyecto habla constantemente de memoria. ¿Qué memorias sienten que están intentando rescatar o activar?

Felipe Conejeros: Más que rescatar una memoria específica, nos interesa activar preguntas.

Existe una forma de entender el tiempo heredada de la colonización, donde el pasado queda atrás y el futuro está adelante. En muchos pueblos andinos ocurre exactamente al revés: el pasado está delante de nosotros porque es lo único que podemos ver y conocer, mientras el futuro permanece a nuestras espaldas.

Cuando se borran nombres, historias, formas de saludar o pedir permiso, también se rompen vínculos con los territorios y con las formas de habitar el mundo.

No buscamos que las personas piensen igual que nosotros. Nos interesa que dejen de sentirse espectadores y comiencen a sentirse parte de la experiencia. Si eso despierta preguntas, recuerdos o deseos, entonces algo importante ya ocurrió.

En el texto aparece la idea de “el futuro es ancestral”. ¿Cómo entienden esa frase?

Carola Sandoval: Para mí significa que, si queremos sobrevivir a las crisis que estamos viviendo, necesitamos volver la mirada hacia saberes antiguos.

Un futuro ancestral es un futuro que integra formas de convivencia con la tierra, que reconoce el valor de los conocimientos territoriales y que entiende que volcanes, bosques, ríos y animales son seres vivos con los que podemos dialogar.

Es un futuro donde la naturaleza vuelve a ser una maestra legítima. Un futuro donde criar implica aprender a sembrar, construir comunidad, escuchar a los mayores y relacionarse con el mundo desde el respeto y la reciprocidad.

Muchas veces la tecnología VR se asocia más al entretenimiento o lo espectacular. ¿Cómo cambia la relación con la obra cuando el espectador deja de mirar y pasa a habitar una experiencia?

Felipe Conejeros: Durante mucho tiempo repetimos una frase: “Esta no es una película que puedes ver sentado en un sillón mientras comes algo”.

Las tecnologías inmersivas fueron fundamentales para acercarnos a lo que cada territorio nos hacía sentir. En los primeros ejercicios y muestras apareció constantemente una palabra: experiencia.

Nos dimos cuenta de que el público podía habitar, aunque fuera por unos minutos, fragmentos de nuestras propias vivencias. Esa posibilidad transformó completamente la relación con la obra y también la forma en que la fuimos construyendo.

¿Qué les interesa del cruce entre tecnologías ancestrales y nuevas tecnologías?

Felipe Conejeros: Quienes habitaron estos territorios desarrollaron tecnologías capaces de dialogar con el bosque, el agua y las montañas. Sabían observar, escuchar y comprender señales que hoy hemos olvidado.

Para nosotros, prácticas tan simples como pedir permiso al entrar a un bosque o nombrar un lugar son tecnologías ancestrales profundamente sofisticadas.

Cuando nos encontramos con la realidad virtual entendimos que podía servir para algo más que crear mundos ficticios. Descubrimos que podíamos utilizarla para acercar a otras personas a territorios reales y permitirles experimentar aquello que nosotros habíamos sentido.

Y entonces apareció una certeza: los bosques, los ríos y los seres que habitan esos lugares ya son extraordinarios. No hacía falta inventar otros mundos. Bastaba con aprender a escucharlos.

Ahora SOY (Be) inicia una gira por el Maule, conoce más sobre este viaje inmersivo en @soy_inmersive