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Ilustradorxs del Maule: Catherine Avello, la ilustradora detrás de Cata-Lab

por Felipe Verdugo

Naturaleza, insectos, activismo, talleres: CataLab-Catherine Avello.

Catherine retrata la naturaleza, sus formas, la belleza propia de lo que se obra de forma instantánea. Lo hace desde los colores, desde ilustraciones que parecen fotografías, por los detalles, por su nitidez. Lo hace desde los fundamentos de la ilustración naturalista, enseñando, creando guías de identificación y mapas. Lo hace desde su anhelo por la protección medioambiental y las causas sociales.

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Al primer taller de ilustración al que asistió fue al de Camilo Maldonado, un experimentado ilustrador de Peumo que ganó en dos oportunidades “Ilustraciencia”, un importante reconocimiento que se entrega a los ilustradores científicos en España. “Me vas a dejar sin trabajo”, le dijo a modo de broma a Catherine en una de las clases. Meses después le pidió ser su ayudante, y realizaron juntos cuatro talleres en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Chile.

Antes de conocer este taller le abrumaban dudas e inquietudes. En el año 2008 había entrado a estudiar Pedagogía en Ciencias. Le apasionaba de sobremanera la paleontología, la antropología y otras de las ramas científicas que la carrera le vislumbraba. En este recorrido, sin embargo, otra pasión que había curtido desde pequeña, entre acuarelas, pinceles y cómics, resurgía.

—Sentía un poquito la frustración de estar atrapada en un lugar que no me pertenecía. De hecho, la forma en que lo representé fue en una flor que estaba dentro de un matraz de laboratorio. Así me sentía yo, como una flor escondida.

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“Free Coffee”. Es un local de su mejor amigo, lo visita de vez en cuando. En la entrada hay un grafiti que escribe el nombre de la cafetería en letras rosadas. A su lado, la figura de un personaje que, por su vestimenta y colores, podría ser un personaje de Disney. “Yo lo diseñé”, dice Catherine. También está en la carta, recostado sobre una taza de café. Cata se sienta, saca de su mochila unos cuadros y dos croquis. Uno de los cuadros es la figura de una mujer, el otro una mariposa amarilla.

Luego de un rato, más insectos. Arañas, muchas arañas.

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Al finalizar en 2012 la carrera de Pedagogía, empezó a estudiar Diseño en la Universidad de Talca. Le movía ser artista, ser la ilustradora de los insectos, de las aves. Creía que esta carrera le llevaría en esa dirección. No fue así. El diseño institucional que promovía no se ajustaba a sus aspiraciones, y decidió dejarlo y optar por una formación autodidacta, de ensayo y error. Su estilo, como las aves que dibujaba, iniciaba un vuelo en línea recta hacia la ilustración naturalista.

—Era muy comercial, dirigido a diseñar productos para la agricultura y el diseño industrial, además los horarios eran un poco absorbentes.

Luego, a recomendación de una amiga, entró a trabajar a una empresa brasileña. Le pedían ilustraciones de animales con estilo street art. Debió adaptarse a la ilustración digital, que no le disgustaba, pero hasta esa fecha prefería el papel, lo tradicional.

—Ellos querían que hiciera animales, pero con un estilo street art, más agresivo. Recuerdo que hice un pulpo gigante, fue una experiencia extraña. Además, en ese momento no tenía el equipo necesario para trabajar ilustración digital.

Esta experiencia le daba a Cata las primeras luces de lo que sería su labor futuro.

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Recorrer las ilustraciones de Cata-Lab es lo más parecido a adentrarse en un jardín botánico o un insectario. Los sonidos y texturas de las especies son casi perceptibles. Basta hacer zoom a las imágenes, leer las descripciones. Basta saber que la ilustradora estuvo en contacto con alguna de ellas, observándolas, tomando notas.

Su primera publicación en Instagram fue la de un chuncho sobre un tronco de madera. Luego aves, insectos, huemules, y la primera sección, la de los camélidos. Camélidos nortinos, sureños y de la Zona Centro.

A principios de 2021 creó el Insektober, una dinámica similar a la del Inktober (reconocida en el mundo de los ilustradores por elaborar dibujos en base a conceptos) pero con insectos. Cada año Catherine y sus seguidores toman el desafío. Este año algunos de los conceptos fueron: “Alas”, “Muerte”, “Lucha” y “Telaraña”.

—Generalmente, la gente rechaza a los insectos, no les gustan por desconocimiento. Si uno los mira de cerca son verdaderos tanques. Además, el rol que tienen en el ecosistema pasa desapercibido muchas veces.

En sus últimas publicaciones predominan los rostros: geishas, personajes de anime y series. Todos de ojos grandes, de mirada fija. Todos diciendo algo o intentando decirlo.

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Uno de los aros que lleva Catherine es una abeja, “una abeja esmeralda”, especifica, “es la misma que aparece en mi autorretrato”. Lleva también una gorra y una camisa a cuadros. Le pregunto sobre el tríptico que está sobre la mesa. “Esta es una guía de identificación de arañas del sur de Chile”, dice. “Ahora estamos trabajando en las de la zona centro y también con los sífridos”.

—¿Sabes cuáles son los sífridos? Son moscas florícolas. Pero un tipo de moscas que parecen abejas, vuelan sobre las flores, polinizan y hacen un trabajo espectacular de seguir conservando la flora.

Junto al tríptico de los arácnidos está el cuadro de una mujer de piel blanca, cejas grandes, o más bien largas, y un vestido negro. Por sus rasgos se parece a la cantante Mon Laferte.

—Una amiga me dijo lo mismo. No, este cuadro nace de la crítica de las idols, que tienen mucha sexualización, exposición, y también se hacen muchas cirugías para adaptarse a la belleza. Por eso tiene cicatrices, sus ojos están anormalmente agrandados, se ve que hay sufrimiento.

Esta obra es reflejo de otro de los intereses de Catherine: las causas sociales, contingentes. Ha sido parte de movimientos de protección medioambiental, como Green Lab y Naturalistas Chile. También en organizaciones sociales como Superación de la Pobreza y René Panoso.

—Yo tengo mi posición política, social muy clara, y quiero desde mi trabajo poder llegar a aportar en esa arista. Siempre tengo que estar involucrada en algo. Sobre todo ahora que estamos en período de elecciones.

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Tras un período de ansiedad complejo, Cata dejó su trabajo y llevó sus habilidades pedagógicas a sus propios talleres. En 2019 inició con talleres online y luego los llevó a lugares como el Patio Rugendas, la Corporación de Cultura de la Municipalidad de Talca, la Extensión UCM y el programa Semilla de la Universidad Católica del Maule.

Cada taller dura dos horas aproximadamente y están lejos de regirse por una estructura académica tradicional. Son un espacio de liberación. Liberarse de lo cotidiano para crear, reflexionar. Catherine enseña sobre los tipos de lápices, sobre técnicas, pero también cuenta sus experiencias, y los participantes retroalimentan, generando “una especie de terapia grupal”.

—Empecé con talleres de aves, mamíferos, insectos, luego seguí con criaturas mágicas, quimeras, y el último que hice fue un juego de cartas. Ahora tenemos pensado hacer uno aquí en el café, pero para niñas. De dibujo otaku, por mi hija también, que está en esa onda.

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Catherine abre la aplicación Procreate en su tablet y empieza a dibujar. Lleva tan interiorizadas las formas y proporciones de las especies que no requiere de ninguna guía.

—Los dibujos los empiezo por la cabeza, porque sirve como unidad de medida. Uno dice: “La cabeza cabe dos veces y media en el cuerpo”, y ahí uno saca las proporciones. (…) Utilizo principalmente lápiz de color policromos, siempre tengo aquí mis policromos.

En tanto que dibuja, habla de sus proyectos futuros. Tiene intenciones de publicar un libro relacionado con el duelo. Sus últimos meses han sido un tanto lúgubres y la naturaleza funciona como catalizador. Busca hacer una metáfora entre los problemas medioambientales y las pérdidas. Dos formas de dolor que se cruzan, se unen.

—Por ejemplo, la contaminación de un río la puedo relacionar con la emoción de sentirse solo o perder a tus amistades. Soy una defensora de las emociones, de reivindicar la tristeza, el enojo. Saber reconocerlas y saber vivirlas.

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—El paso más importante para un ilustrador naturalista es la observación. Cuando uno quiere representar una forma, ojalá tenerla en 360, ver todas las partes de las especies para poder representarla lo más fiel posible.

El humedal de Río Claro, en Talca, con sus áreas verdes y sus especies, es uno de los lugares predilectos de Catherine. Va por amor a la naturaleza, a la flora y fauna que allí habita. Pero también a observar, a ver de cerca los seres que inspiran sus dibujos.

Con los años, la observación trae sorpresas.

—¿Sabes cuál es esta ave? Su nombre es becasina pintada, y es como el tesoro perdido de los observadores de aves. Se ve una cada seis, siete años… Yo la vi y voló, de hecho por eso la dibujé, me obsesioné con volver a encontrarla.

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Una araña saltarina. Sus ojos son grandes, sus patas peludas. Tiene una apariencia afable, pero es una cazadora activa: salta sobre sus presas.

—Se devoran las moscas y los zancudos. Típico que las encuentras en las ventanas. Son preciosas.

Catherine no solo terminó su dibujo, sino que creó vida. Catherine, la profesora de ciencias, la ilustradora naturalista, la amante de los insectos, como si se tratara de un proceso de gestación, da vida a las especies que dibuja y, a través de su sello personal, educa y concientiza a quienes se detienen a observarlas.