Después de más de tres décadas de espera, Chile cuenta con una Ley de Fomento y Protección a la Artesanía. Una legislación que no solo ordena, financia o regula, sino que reconoce, que la artesanía es un lenguaje vivo, una memoria en movimiento y una forma de identidad profundamente enraizada en los territorios.
La aprobación definitiva del proyecto, el 7 de octubre de 2025, marcó un hito largamente esperado para quienes trabajan la artesanía en Chile. Más que abrir un camino nuevo, la ley viene a formalizar y respaldar un quehacer que siempre ha estado presente en los territorios, reconociendo su valor cultural, económico y comunitario. En una región como el Maule, donde los oficios han tejido identidad durante generaciones, esta noticia resonó con fuerza y se transformó en motivo de celebración.
El viernes 7 de noviembre, en el Día Nacional de la Artesanía, el Centro de Eventos La Quesería —en la localidad de Quinamávida, comuna de Colbún— fue escenario de una de las primeras actividades de este nuevo ciclo. Allí se desarrolló una jornada que combinó feria, encuentro y celebración, donde participaron diversos exponentes, parte de la comunidad, autoridades y la Asociación de Artesanas y Artesanos del Maule.
Para Roberto Aravena Lineros esta ley significa y gran avance, Artesano y Consejero de la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, quien estuvo presente en esta jornada. “Aunque la ley no contiene todo lo que queríamos, lo logrado representa un gran avance: se reconocen y definen claramente la artesanía y sus prácticas; se crean nuevos instrumentos de participación real para artesanas y artesanos a través de mesas regionales y un Consejo Nacional; y se consolidan las políticas públicas con un Plan Nacional de Artesanías, un comité interinstitucional y un fondo especial de 2.900 millones. Además, se reconoce por ley el Registro Nacional de Artesanía como herramienta clave para acceder a apoyos y reconocimiento”, Comentó.
La nueva legislación reconoce formalmente a la artesanía como una manifestación cultural viva y define a quienes la practican, instalando el oficio en un marco legal que lo equipara a otras disciplinas creativas. No como un trabajo secundario o informal, sino como un quehacer patrimonial que sostiene identidades locales, economías familiares y saberes heredados. La creación del Consejo Nacional de la Artesanía y de Mesas Regionales permitirá que las decisiones sobre políticas públicas se tomen desde los territorios, escuchando a quienes mantienen vivos estos oficios.
Asimismo, la implementación de un Fondo Especial para la Artesanía, con 2.900 millones de pesos destinados a financiar formación, producción, difusión y desarrollo, representa un impulso significativo. A esto se suma un Registro Nacional de Artesanía, que permitirá identificar cultores, proteger técnicas ancestrales y facilitar el acceso a beneficios públicos, entre otros avances disponibles en https://www.cultura.gob.cl/leyartesania/.
La artesanía encuentra en el Maule uno de sus territorios más fértiles. Entre la cordillera y el valle, el trabajo manual ha sido siempre parte de la vida cotidiana: las tejedoras de San Clemente, los talladores de Linares, los canasteros de Colbún, las ceramistas de sectores rurales talquinos y tantas manos que sostienen y transmiten un oficio que forma parte de la identidad regional.
Por eso no sorprende que Quinamávida haya sido uno de los primeros lugares en celebrar esta nueva ley. El encuentro del 7 de noviembre reunió a cultores, visitantes y familias que reconocen que la artesanía no solo produce objetos: produce vínculo, identidad y memoria. Allí, entre motes con huesillo, lana cueros, música, y madera trabajada, la ley se celebró.
Así lo enfatizó Roberto Araneda: “Hemos participado activamente en todo el proceso que comenzó en 2022, con una consulta nacional y posteriores conversatorios regionales que aportaron los insumos para elaborar el documento entregado a la Cámara de Diputados y que, finalmente, el 7 de octubre de 2025, fue aprobado como Ley de Fomento y Protección de la Artesanía. La delegación más numerosa presente ese día en el Congreso fue la del Maule. Sin duda, este 7 de noviembre la celebración tenía un gustito especial: teníamos que iniciar la actividad con un gran brindis y diciendo a coro, ¡Lo logramos! ¡Tenemos ley!”.
Para los artesanos y artesanas del Maule, especialmente quienes viven en zonas rurales donde el oficio es sustento, esta ley abre nuevas oportunidades. Permite acceder a fondos, capacitaciones y espacios de difusión, otorgando dignidad y proyección a un trabajo que por años se desarrolló sin el reconocimiento merecido. También resguarda técnicas en riesgo de desaparecer, asegurando que las nuevas generaciones puedan aprenderlas, practicarlas y reinventarlas.
Te dejamos una muestra fotográfica de lo que fue este encuentro de celebración entre artesanas y artesanos del Maule.
Nota por: Javier Inostroza / Fotografías: Eduardo Arenas



























