Entrevista por Carola Castro Lagos
Fotografías: Archivo Toto Guajardo
Hace un tiempo en la búsqueda de más maulinxs por el mundo, una colega me comentó sobre Toto Guajardo, originario de Talca que hace diez meses emprendió un viaje a Australia con una visa Working Holiday. Desde entonces, ha trabajado en el rubro de la hotelería y en una tienda, lo que le ha permitido no solo sostenerse económicamente, sino también sumergirse en la cultura australiana. Aunque, más allá de lo laboral, Toto ha continuado desarrollando una de sus grandes pasiones: la fotografía.
Especializado en fotografía análoga, ha montado un laboratorio de revelado portátil que le permite trabajar de forma casi artesanal, con un cuidado minucioso en cada imagen. Su proceso creativo ha atravesado distintas eras creativas a lo largo de los años y muy marcada por los territorios en lo que ha vivido. Actualmente, en tierras australianas, su obra se enfoca en retratos que exploran la presencia, la no presencia y la ausencia
Toto es comunicador audiovisual de profesión, formado en Valparaíso, su camino artístico comenzó con el Archivo Queer, un proyecto que busca visibilizar identidades disidentes y neurodivergentes, con las que él mismo se identifica. También ha participado en festivales de fotografía en Valdivia y Valparaíso y ha colaborado en proyectos textiles y talleres en Talca, reconectando con la vida de pueblo.
Hoy conversamos con Toto sobre su experiencia migrante, su proceso creativo, y cómo la fotografía se ha convertido en un puente entre su identidad, su historia y el mundo.
Banda Siberia, Talca, 2022
Primero que todo, Toto, para quienes no te conocen, ¿cómo te presentarías y qué destacarías de tu historia personal y artística?
Uy, qué difícil… Siempre me cuesta describirme. Pero diría que soy una persona queer, y con el tiempo me he ido reconociendo así. Ese proceso de autodescubrimiento ha influido mucho en mi trabajo. Me defino como artista visual queer y fotógrafo análogo. Puede sonar simple, pero para mí tiene mucho peso.
¡Para nada simple! Creo que es una definición muy honesta y profunda. Autodefinirse no es algo que se haga a la ligera, me imagino que hay una posición detrás de eso, ¿no?
Exacto. Es un proceso. Siempre me ha interesado resignificar palabras que antes se usaban de forma negativa, como “maricón” o “ser Faggot”. Y es como sí, lo soy. Soy queer, soy positivo, soy neurodivergente y son cosas que podrían jugar en contra, Hoy las abrazo como parte de mi identidad y también como material creativo. Creo que mi forma de presentarme como artista también depende del contexto. No siempre voy por la vida diciendo “soy esto”, pero cuando hay confianza, sí lo comparto.
Créditos foto: Lukas Muñoz
Totalmente. Y también hay una decisión política en cómo uno se presenta ante el mundo. Oye y ¿Qué proyectos destacarías de tu trayectoria?
Hay varios que han sido importantes, tanto personales como colectivos, donde he podido explorar mi identidad y conectar con otras personas desde ese lugar.
Entre los trabajos que podría mencionar, está Al Mar (2022), Archivo y las colaboraciones con Duso (2024), además de que siempre estoy creando junto a otres. Lo que más disfruto es el proceso de crear con otras personas. Me interesa generar un espacio íntimo donde ambas partes aportamos. No se trata solo de mí con la cámara, sino de una colaboración real. Necesito que la otra persona también se entregue al proceso.
Alice, archivo, Talca, 2023
¿Eso es como en fórmula o metodología de trabajo, no?
Sí, totalmente. Me dejo llevar por la intuición y muchas veces termino retratando a personas con las que comparto experiencias o identidades, como ser parte de la comunidad queer. Me interesa conocernos antes de fotografiar, crear una conexión. De ahí nace algo auténtico, incluso en espacios cotidianos como una habitación.
Qué bonito. ¿Y qué ha surgido de ese trabajo colaborativo? ¿Has expuesto, participado en festivales?
Sí, por ejemplo, con el proyecto Al mar, que desarrollé en Valparaíso, participé en el Festival de Fotografía de Valdivia en 2022. Es una serie de retratos a personas queer, que surgió de encuentros con amigues y conocides. Hice una maqueta de fotolibro y algunas fotos se expusieron en la inauguración de la cafetería de Cámara Lúcida. Aún no ha tenido su gran muestra, pero está en camino.
Valentín, Al mar, Valparaíso, 2020
Y aparte de Al mar, entiendo que hay otras cosas como el archivo Queer, ¿no?
Sí y son principalmente retratos. La idea es construir un archivo de personas queer, especialmente latinas, que viven en distintas partes del mundo. Empecé en Valparaíso hace unos años. Después de Valpo me fui a Talca y ahí empecé a reconectar con el Maule. Dejé un poco los retratos y comencé a fotografiar el entorno: paisajes, espacios abandonados, lugares que me hablaban de mi historia. Aún no tiene nombre, pero lo llamo el archivo del Maule. Y ahora quiero retomarlo acá en Australia, conectando con otras personas latinas queer para seguir expandiéndolo.
Lukas, Al Mar, Valparaíso, 2022
¿Entonces el archivo Queer es como un proyecto que está en constante crecimiento, en constante búsqueda?
Exactamente. Es algo que podría acompañarme toda la vida. Trabajo mucho con el concepto de archivo y siento que ya tengo suficiente material para varios proyectos. Pero también me doy cuenta de que necesito parar un poco de producir y empezar a organizar, editar y mostrar.
Sirena González, Melbourne 2025.
Entiendo que un archivo efectivamente tiene que estar archivado y tiene mecanismos de difusión, ¿en estos momentos cuál sería tu mecanismo?
Las redes sociales son mi único medio de difusión, pero a veces siento que funcionan al revés. Subo fotos que me encantan, pero, a veces, veo que no tienen el alcance que esperaba y eso es frustrante. Por eso he pensado en crear una web o portafolio, aunque ahí suele mezclarse lo más comercial, como fotos de moda o productos.
Tengo todo muy organizado por años y etapas, pero como trabajo de forma muy colaborativa, siento que no puedo hacerlo solo. Me encantaría asociarme con un curador o editorial para darle forma a todo ese material. Las ideas están, el archivo también, solo falta el momento. Además, últimamente he estado explorando la fotografía instantánea, con ello nació una serie que llamé Instantáneas migrantes, surgida desde la experiencia de migrar y la necesidad de tener algo tangible. No tenía laboratorio en ese momento y lo análogo me ofrecía algo más físico, más real. Es otro archivo que está creciendo y que también me gustaría compartir.
Ricky, Al Mar, Valparaíso, 2020
Continuando con las preguntas, ahora respecto de la migración cómo nació este impulso de irte de Chile y el Maule para vivir la experiencia de irte a Australia?
Siendo súper honesto, cuando era chico no me gustaba Talca. Tenía una especie de rechazo y siempre quise irme, por eso me fui a Valparaíso. Pero con los años entendí que no podía renegar de mi origen. Volver a Talca fue reencontrarme con mi familia y conmigo mismo. Estuve dos años y medio allá, y fue una etapa muy linda. La idea de migrar surgió en Valpo y Australia apareció como opción porque tenía amigos que ya habían hecho la working holiday. No fue un proceso fácil, pero se dio. Podría haber sido cualquier país, pero Australia ofrecía buenas oportunidades laborales.
Archivo Maule, 2023
Eso sí, creo que la migración está muy idealizada. Pensé que sería más fácil, ya que antes había vivido lejos de casa, pero esto es distinto: estoy a más de 14 horas de vuelo y a un millón de pesos de distancia de mi familia. No es como decir “voy a verlos” y partir. Además, está el idioma y otros desafíos. Pero también ha sido una experiencia hermosa, he conocido gente increíble. La motivación siempre fue explorar, llevar mi identidad a otros lugares. Y sí, a todo el mundo le he mostrado el completo mojado.
Muy bien, internacionalizando el completo mojado!
Claro, también la humita, el pastel de choclo, la churrrasca y todo.
¡Ay, que rico! Toda la comida deliciosa. ¿Y qué sientes que ha cambiado en ti desde que decidiste viajar hasta ahora, después de estos diez meses?
Ha cambiado bastante. Estar lejos me dio tiempo para pensar y reconectarme conmigo. Me di cuenta de que mi forma de socializar era distinta, y eso me llevó a empezar terapia ocupacional. Ahí descubrí que soy una persona neurodivergente, algo que ya intuía, pero que ahora acepto con más claridad.
Eso me ha permitido poner límites, dejar de hacer cosas que ya no me hacen sentido, como salir de fiesta solo por seguir la corriente. Antes sentía que tenía que encajar, hacer lo que todos hacían, y eso me agotaba. Ahora valoro más las relaciones reales, incluso a la distancia. Con mis amigos no hablamos todos los días, pero cuando lo hacemos, es profundo y significativo.
¿Hay referentes maulinos en la fotografía que te hayan influido o que sientas presentes en tu trabajo?
Sí, la Cami Telas —Camila Bastías— es alguien que llevo en el corazón. Ha sido un motor creativo para mí. También Lukas Muñoz, que tiene una mirada muy especial sobre los espacios. Lukas realizó una exposición llamada Foráneo y con Cami Telas hicimos el trabajo de curatoría. en Casa Maleza, donde exploramos lugares que parecen vacíos, no-lugares. Me encanta esa forma de retratar espacios que cuentan historias sin necesidad de mostrar personas.
¿Y con ellos has trabajado en otros proyectos en el Maule?
Sí, uno muy especial fue “Se acaba el mundo, saquemos fotos”, una idea de Lukas. Yo recién había vuelto a Talca y Lukas organizó una junta por primera vez en 2022, ahí conocí a Cami Telas y luego a Casa Maleza. Luego en 2023, concretamos la idea de Lukas para hacer el festival. Fue todo autogestionado, sin auspicios, solo por amor a la fotografía. El festival duró dos días con actividades y exposiciones. Lo más lindo fue el espíritu colaborativo, compartir conocimientos y crear comunidad.
Toto, volviendo a la fotografía análoga, ¿por qué elegiste ese camino en plena era digital?
Me interesa preservar la memoria de forma tangible. Valoro mucho los oficios tradicionales, como la costura o la sastrería, que están desapareciendo. Con la fotografía pasa algo similar: hoy cualquiera puede tomar fotos con el celular, pero lo análogo tiene otra profundidad. El negativo es físico, permanece en el tiempo. Además, el proceso te obliga a pensar cada imagen. No puedes disparar sin más, como con lo digital. Eso me ha ayudado incluso con mi ansiedad: la fotografía análoga me obliga a ir más lento, a valorar cada paso.
Desde chico soñaba con tener un laboratorio. Revelé mi primer rollo en 2017, y en 2019, durante la pandemia, me metí de lleno. Mi pareja en ese tiempo era fotógrafo y profesor, así que teníamos acceso a un laboratorio en una escuela. Después estudié ahí también, en un curso de fotografía análoga. Fue una experiencia muy enriquecedora.
¡Buenísimo! ¿Y cómo ha sido el proceso de montar tu laboratorio en Australia?
Para mí es una necesidad. Mandar mis fotos a un laboratorio me genera mucha ansiedad: esperar los resultados, que no salgan bien, o incluso perder rollos por errores técnicos. Eso me llevó a aprender a revelar por mi cuenta y hacer todo el proceso yo mismo.
Cuando vivía en Newcastle era difícil conseguir materiales, pero ahora en Melbourne fue mucho más fácil. Fui a comprar un rollo y encontré los químicos a mitad de precio comparado con Chile, así que no lo dudé. Compré lo necesario y armé mi laboratorio. Lo más lindo es que me gusta compartir este conocimiento. Siempre invito a mis amigos a revelar juntos, les paso una cámara y un rollo, y luego vemos sus fotos. Me encanta ese momento de descubrir sus miradas, sus historias. Es una experiencia que disfruto mucho.
Es un proceso muy colaborativo, pero también personal y artesanal. Me encanta que sea lento, que haya que esperar.
Exacto. Hay momentos en que simplemente tienes que esperar, como esos 15 minutos entre pasos. No puedes apurarlo ni modificarlo sin arriesgar el resultado. Me gusta esa pausa, esa concentración. En Valpo, por ejemplo, revelábamos en grupo en un laboratorio grande. Era hermoso: después de las fotos venía el compartir, la conversación, el tabaco. Se armaba toda una atmósfera en torno a la fotografía.
Como un ritual.
Totalmente. Aunque puedo hacerlo solo, disfruto mucho hacerlo con otros. Se vuelve más entretenido, más enriquecedor. Todos aprendemos algo.
Sobre los festivales de Valparaíso y Valdivia y el archivo en constante creación. ¿Cómo imaginas la continuidad de esos proyectos ahora en Australia?
Justo hablaba de eso con amigos. Me gustaría armar un proyecto acá, buscar a otras personas latinas y hacer una exposición. Vivo en Brunswick, un barrio muy creativo que me recuerda a Valpo o Ñuñoa. Hay galerías, y hace poco vi una muestra de fotografía queer que me inspiró mucho. Siento que lo que falta es concretar: juntar el material, ponerle fecha, imprimir, conseguir el espacio… y hacerlo realidad.
¿Cómo es la movida cultural en tu barrio? ¿Hay galerías, centros culturales?
Sí, hay bastante. Por ejemplo, en HillVale hay una galería que funciona junto a un laboratorio de fotos, donde hacen exposiciones mensuales y van rotando artistas. Al lado hay otra galería con un enfoque distinto, más ligado a otras formas de arte. En general, hay muchas opciones: artes plásticas, visuales… No estoy tan seguro sobre música o teatro, pero sí hay mucho por hacer. Es un ambiente artístico muy activo. Y eso es solo en el barrio Brunswick. Hay otros como Fitzroy, que también son muy artísticos y con fuerte presencia queer. Hay mucha diversidad.
Entonces tienes muchas más posibilidades ahora, comparado con Newcastle.
Totalmente. En Newcastle la comunidad queer era más cerrada, como una burbuja. No estaba mal, pero había barreras, como el idioma, y yo recién estaba llegando. Fue difícil integrarse. Ahora estoy retomando la vida social, volviendo a conectar y con ganas de seguir mi camino.
Sirena Matilde, Melbourne 2025.
¿Y allá crees que podrías formar una comunidad de amistades del mundo del arte como lo hiciste acá?
Sí, de hecho, ya está empezando a pasar. Hace poco tenía ganas de hacer fotos y usé Grindr para buscar gente interesada en colaborar. Ahí conocí a Beau, una persona maravillosa con quien hice fotos. Me dio una perspectiva nueva: dejar de buscar australianos aburridos (en sus palabras) y enfocarme en conectar con latinos. Eso me hizo mucho sentido, y fue hace solo un par de semanas.
¿Y la comunidad latina allá es grande?
Sí, es muy grande. He conocido a varios latinos, cuando buscaba casa y me recomendaron un barrio. Conecté con alguien Teo que estaba haciendo un fundraising para una causa y teníamos amigos en común de Chile. El mundo es chico. Gracias a él he conocido más gente, y ha sido genial porque todo ha sido dentro de lo queer y lo neurodivergente, lo que me hace sentir muy cómodo. Vivo con otros latinos, y compartir el idioma también ayuda. Aunque también me gusta conocer australianos y personas de otras culturas para practicar y aprender. Pero sí, la comunidad latina es fuerte. Ahora se viene el 18 de septiembre y dicen que se arma una fiesta grande, así que quiero vivir esa experiencia.
Para cerrar la entrevista, si tuvieras que definir en una frase qué significa ser un artista maulino creando en el extranjero, ¿qué dirías?
¡Uy! No estaba preparado para eso… pero creo que es difícil sacar el Maule de uno. Es parte de mí y hoy me siento orgulloso de decir que soy de Talca. Acá en Melbourne, cuando lo digo, la gente se sorprende porque la mayoría son de Santiago o del norte. Me encanta presentarme como maulinx en el mundo. Siento que nuestra región no está tan presente, salvo por los memes, pero tenemos mucho que mostrar. Lo bonito es que hay artistas que van y vuelven, y eso aporta al capital cultural del Maule. No sé si tengo una frase exacta, pero ese es el sentimiento.
En Talca, trabajé en varios proyectos como el EAT, con Duso y otros archivos relacionados con el teatro. Muchos de esos artistas también son maulinos que han ido y vuelto. Mi intención es volver algún día, enseñar fotografía y seguir aportando al capital cultural del Maule.
¿Y con Duso colaboraste en sesiones de fotos?
Sí, fue muy especial. Nos encontramos justo cuando se iba al Fashion Week. Me encanta la fotografía de moda, es estética, colaborativa, y diferente a mi trabajo más íntimo de retrato. Es otro mundo que disfruto mucho. Y agradezco a la Vivi por darme esa oportunidad de explorar algo tan fashion. Ella trabaja en sastrería, que tiene un enfoque artesanal y yo soy más de fotografía lenta. Coincidimos muy bien en ese proceso.
Arraigo x Duso, Maule, 2024.
Me encantan tus reflexiones. Varias personas que he entrevistado también están en esa misma sintonía: este viaje de ida y vuelta. Nos vamos, pero volvemos y dejamos algo, aunque no sea tangible. Es algo que queda en las conversaciones, en los proyectos. Ser maulina en el mundo es algo fluctuante, de allá y de acá, o de ningún lado. Es una identidad rota, como la de muchos que migramos. Nos vamos por las dificultades, pero llevamos nuestra raíz como fuente de inspiración. Bueno Toto ¿te gustaría agregar algo más?
Solo agradecer. Volví a Talca muy roto, sin saber qué esperar y fue reconfortante volver. Conocí personas maravillosas y creativas con quienes sigo en contacto, soñando proyectos. Gente como la Cami, la Vivi, Pancho Carvajal y Lukas, Casa Maleza, que fue como encontrar mi barco en Talca.
Bueno, Toto, muchas gracias por tu tiempo, por esta entrevista y por compartir tu experiencia.
¡Gracias a ti!. Estoy muy feliz de que se hayan interesado en lo que he estado haciendo este año. Me muero por mostrarte las fotos, muchas no están publicadas, solo en historias efímeras. Esto me inspira a seguir creando.