Columna de Opinión: Mujer y Vivienda

Especial  · 28 Sep, 2020

La Arquitecta maulina Marcela Valdés nos comparte una columna que reflexiona en torno a las desigualdades de género en torno a la adquisición de viviendas.

¿Cómo logran tener las mujeres un lugar para vivir en la ciudad? ¿Qué problemas deben superar para optar a una vivienda de calidad?

 

La necesidad de una vivienda surge por diversas razones y situaciones. Para las mujeres, el tener hijas o hijos altera radicalmente sus prioridades, y a medida que pasa el tiempo se ven enfrentadas a nuevos requerimientos conforme ellas y ellos crecen, cambian sus intereses, los hábitos de convivencia e incluso las mismas relaciones interpersonales del entorno familiar.

Las oportunidades de vivienda para las mujeres son consecuencia de su vida. Sus decisiones tales como carreras profesionales, matrimonio, convivencia y maternidad, se verán influenciadas por esas opciones.

Existen distintos motivos que evidencian la desigualdad de las mujeres al momento de acceder a una vivienda, estos son de tipo económico e ideológico: ellas ganan menos que los varones, pero también les perjudican ciertas normas sobre las formas de vida “correctas” que las sociedades han construido.

Las opciones de cómo y con quién vivir están mediatizadas por la desaprobación social con la que muchas deben lidiar a nivel familiar, social, laboral y cultural.

El sistema de vivienda urbana supone que todas las personas tienen un trabajo suficientemente bien remunerado que les permite acceder a una propiedad, que viven en familias felices y el matrimonio dura hasta la muerte, dejando en evidencia que en ningún caso se da una respuesta al mundo real de las opciones que tienen las mujeres. Desde esta perspectiva el mercado es quien falla al momento de ofrecer lo que muchas situaciones requieren, debido a que las soluciones que éste considera como las “normales” terminan por marginar a un número creciente de personas que no pueden satisfacer sus necesidades.

A pesar de que la mayoría de las familias están constituidas por parejas con o sin hijas/hijos, las viviendas se siguen diseñando con el criterio de que el núcleo familiar es el tradicional, considerándose la estructura padre-madre e hijas/hijos como la única forma legítima de convivencia, convirtiendo en necesarias y urgentes las modificaciones del estereotipo familiar por otras formas de convivencia acordes a la realidad actual.

Sin embargo, el acceso a la vivienda no es el único problema. Los conflictos ya mencionados no solo requieren un incremento de recursos sino que también es necesario un modo de pensar diferente que reconozca las transformaciones profundas en la vida de las mujeres e incorpore cambios en todos los ámbitos. Pensar en las nuevas modalidades de tenencia y en las oportunidades igualitarias para todas las personas en el mercado laboral, refiere a crear otras maneras en torno a la unidad familiar; la deconstrucción del hogar familiar convencional para permitir una mayor fluidez de agrupamiento.

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