La Casa de Socorro que lo curaba todo en Yerbas Buenas

Memoria  · 7 May, 2020

Nos sumamos a colaborar con la gestión del Museo Histórico de Yerbas Buenas y sus acciones en torno a recuperar la memoria de nuestro territorio, comenzamos así un ciclo dedicado a compartir sus trabajos en torno a este tema.

El primero tiene que ver con la Casa de Socorro,  un espacio de salud distinto a lo que conocemos ahora. Esta historia y sus recuerdos se obtuvieron con el Taller de Memoria e Historia Oral realizado en el Museo durante año 2019.

Aquí su historia y lo que recuerdan los vecinos, texto extraído del  Museo Histórico de Yerbas Buenas. Más abajo el link con la nota original. 

LA PRESENCIA DE LA CASA DE SOCORRO EN YERBAS BUENAS

Cuando escudriñamos en la historia de la salud pública en Chile o en la historia de la medicina, seguro encontramos un vasto escenario urbano y centralista en cuanto a publicaciones e investigación, pero poco hay de la salud en el campo chileno.

En las zonas rurales existía el denominado dispensario municipal, institución que no daría abasto y no propendería al fomento de la salud pública que el contexto necesitaba, pero que sí daba respuesta inmediata, y vital muchas veces, a las urgencias médicas.

Estamos hablando de mediados del siglo XX, el campo chileno estaba condicionado por “…las malas habitaciones, el agotamiento físico causado por las deficientes condiciones laborales, la sub-alimentación, la contaminación del agua de bebida y de la leche, la carencia de servicios médicos curativos y preventivos. Todos estos factores que colocan a la vida agrícola en un nivel inferior a la vida urbana.” Lo anterior manifiesta la urgencia de implementar un nuevo sistema de salud que comprenda los dos elementos necesarios para combatir el escenario de salud nacional: la curación y la prevención. Así surgen los centros de sanidad conocidos como Casas de Socorro, reconocidos como la “célula inicial de la organización hospitalaria”.

Por esto resulta importante para nuestro Museo, destacar la historia de la Casa de Socorros de Yerbas Buenas, ya que forma parte de la memoria de la comunidad, relevada por vecinos y vecinas a través de sus relatos que evidencian lo vital de la tarea que emprendía dicho espacio de salud.

“La casa de socorro cubría todas las enfermedades, y conocían todo, las enfermedades de todos” (Raquel Cáceres)

Ubicada en frente de lo que hoy es la población Antonio Fuster en nuestro pueblo de Yerbas Buenas, hoy no quedan vestigios materiales de su existencia pero sí recuerdos muy significativos:

“Mi mamá (Raquel Cofré) le salvó la vida a muchas personas, y después venía gente a agradecerle,. El padre Ernesto Cavichiolli tuvo un accidente en moto, frente al retén. En ese tiempo las calles eran de ripio, y cuando uno se cae ahí, las piedras se metían por todos lados, y él se destapó la cabeza, y mi mamá le limpio y lo coció, y lo mandó en ambulancia a Linares, y bueno después a Santiago, y la gente dice que si mi mamá no lo hubiese limpiado, se muere” (Raquel Cáceres)

De esta manera recuerda la hija de quien fuera la enfermera de la Casa de Socorro, Raquel Cofré, actor social protagónico en el Yerbas Buenas de mediados del siglo XX. Todos sus conocimientos en medicina los ponía a disposición de los habitantes de la comunidad, aportando en la cobertura de la salud pública, otorgándole un cariz humano y educativo a su labor.

“Era muy acertada la señora Raquel para diagnosticar, pero lo que más destaco es su voluntad” (María Chouseau)

En esa misma dirección era el trabajo de quién asumiría la dirección, que era el doctor que atendía la Casa de Socorro, Antonio Fuster, recordado como un médico cercano y con un compromiso único frente a las necesidades de la comunidad.

“Él era un medico humano que atendía a todo el mundo, no como ahora. La gente lo paraba en el camino y él paraba, e iba a domicilio…” (Raquel Cáceres)

Así el doctor del pueblo de Yerbas Buenas es reconocido por sus acertados diagnósticos y tratamientos, además de su notable vocación de servicio. En un espacio que además cuenta con una farmacia, donde se elaboraban los medicamentos.

El médico, a mediados del siglo XX, era prácticamente un alquimista. Esas prácticas venían desde tiempos remotos, pero es en siglo XVI cuando el gran alquimista y médico Paracelso dijera que existe una estrecha relación entre la cantidad de fármaco que se suministra y sus efectos beneficiosos o perjudiciales: “Todas las cosas son venenos, es únicamente la dosis lo que establece la diferencia.”

“…él recetaba formulas, no remedios, si un niño no tenía apetito, les daba onzas, y la farmacia preparaba las fórmulas, había en base a medicamento, en polvo y la pesaba en balanzas. También se hacían las obleas, se molían en mortero y se preparaban y se hacía por ejemplo 50 capsulas en un molde…” (Raquel Cáceres)

En cuanto a la infraestructura del lugar, la Casa de Socorro es recordada por los habitantes de esta comuna histórica, como un espacio más bien pequeño pero muy acogedor.

“Había una sala de espera muy bonita, era chica, pero acogedora” (Raquel Cáceres)
La Casa de Socorro de Yerbas Buenas se mantiene en la memoria de los habitantes de la comuna, no así en los vestigios de su arquitectura, pues donde alguna vez hubo un centro de salud, hoy no quedan más que recuerdos. Recuerdos que inmortalizan también, en el corazón de los yerbabueninos, a las personas que trabajaron en esta Casa de Socorro: doctores, enfermeras, paramédicos, chofer de ambulancia, personal de aseo, entre muchos otros.

https://www.museoyerbasbuenas.gob.cl/sitio/Contenido/Noticias/95118:La-presencia-de-la-Casa-de-Socorro-en-Yerbas-Buenas

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *